miércoles, enero 27, 2010

Un gusano más al aire: Columna II -Texto Asirio


Me vi en un sueño perseguido por una enfermedad y como si fuese yo un monstruo empuñando un mundo / No había a quien contarle que el ruido entre mis manos tenía colmillos que me hacían sangrar / No había a quien contarle que en ese mundo las calles eran millones de libros desparramándose en un llanto incontenible de sangre / Y sentí que estaba escribiendo barro en el barro / con un lodo que tenía demasiado de mí / Y mis heridas parecían dibujos que hablaban de esa primera perdida del Saqueo / me sentí un rey navegando por esas calles despidiéndome de vivos y muertos / Me vi en ese sueño y supe que era dos tercios poeta / supe que era un tercio mortal / supe que era la perdición / supe que mi nombre era Gilgamesh.

[Lo demás está perdido]

5 comentarios:

RECOMENZAR dijo...

Tremendo tu escrito prometo volver a leerte te dejo besos

El Toro de Barro dijo...

¿Es un texto asirio o nervinsoniano? Porque parece claro que tus poemas, como tus elecciones, tienen un ancla formidable que los unce a las cuevas del espíritu. Hay mucho en ti de Oráculo antiguo. Tus palabras siempre semejando a las oraciones...
Gracias por tu comentario en Auschwitz, que de algún modo he querido responder donde tocaba...
Un abrazo
Carlos

Nervinson Machado dijo...

Carlos, sí, es un texto mío. Lo de Asirio se debe a que es parte de un libro, que ya casi está por terminarse, donde hago una reescritura del poema de Gilgamesh. Los cuales están divididos en poemas Hititas, Asirios... etc...

Si puedes entra a esta página donde hay una entrevista y hablo un poquito de ello:

http://www.centrodeinteligenciapolitica.com/2010/01/entrevista-al-poeta-venezolano.html

R.A.B dijo...

En la entrevista dices algo que me llamó la atención, dices que el libro es "como un ataúd". La cosa es que yo pienso que es todo lo contrario... y si nos atenemos a tu lema (robarle la memoria al olvido) ¿por qué no ha de ser el libro un contenedor de inmortalidades en vez de un ataúd?
Me gusto mucho la entrevista, y este poemá, +.
Un saludo.

Nervinson Machado dijo...

Me parece muy lúcido tu comentario, pienso que el libro es una máquina del tiempo. No sé si llamarle inmortal, pero sí logra borrar las barreras de cualquier época. Pero sobre el ataúd, hay que tomarlo como una silepsis. Por un lado, necesitamos abrir "ese objeto" para conocer la memoria. Un sitio donde reposan los muertos, al igual que las páginas que cada día consultamos, y por el otro, entender que lo que llamo “muertos”, son sonidos que están mucho más vivos y vigentes que los propios “seres” que han permanecido callado ante una realidad que nos acompaña como una pesadilla.
Los sumerios, por ejemplos, tienen ricas alegorías sobre la escritura y los libros. Con sus tablillas (entiéndase el predecesor del libro de hoy) adoquinaban caminos y construían sus enormes Zigurats con el propósito de alcanzar el cielo. Como vemos, la dimensión, desde la antigüedad, es mucho más amplia de que ahora mismo suponemos. También se me viene a la memoria el Libro de los Muertos egipcio, que tenía que servir de hablante en el juicio después del deceso y por tanto, tenía que estar también en el féretro. En definitiva, no es una justificación, sino una forma de ampliar el diálogo. Gracias por tu comentario.