miércoles, diciembre 09, 2009

Lóbulo Temporal: nueva revista electrónica literaria (desde Monterrey) www.lobulotemporal.com


www.lobulotemporal.com

La literatura se repite, se escribe a si misma y se pronuncia. Esto bien podría explicarlo Pierre Menard autor del Quijote , pues siempre escribimos lo ya escrito. Los autores de los cuentos que incluimos en este número, presentan esta tendencia que según Darío Villanueva (Catedrático de la Real Academia Española), puede definirse como metaliteratura "el discurso narrativo que trata de si mismo". Aunque los cuentos que presentamos no narran el cómo se está narrando, sí tocan la idea de la escritura como eje principal y como el sentido de los textos que nos han facilitado autores experimentados y otros que buscan abrirse paso en las letras. Esperamos que ésta sea una plataforma de utilidad para difundir su obra.

En poesía presentamos el trabajo de Otoniel Guevara, en palabras de Alfonso Chase, escritor costarricense "Otoniel nos seduce co su palabra límpida, aunque esté contaminada de hierbas dispares y de amaneceres que lo ubican en la montaña y también en el ámbito de esas ciudades que recorre con sus botines de niebla. Guevara es uno de los poetas, ¿jóvenes? más representativos de Mesoamérica" A Otoniel lo conocimos en un Encuentro Internacional de Escritores realizado en Monterrey, en aquella ocasión, él compartió su deseo de tener un acercamiento con los escritores jóvenes de la ciudad y aunque por cuestiones burocráticas no se dio la oportunidad de realizar un taller, en esta ocasión es un gusto incluir en nuestra revista, una breve selección de poemas extraídos de sus libros "Canción Enferma" y "No apto para turistas" que el poeta decidió compartir para Lóbulo Temporal.

El monologo de la muerte de Nérvinson Machado, nos lleva por un recorrido siendo otros y por un momento nos sugiere cuestionar si la vida es una actividad contemplativa. Bienvenido a este número con el que terminaremos este año e iniciaremos el 2010, esperando que más autores se decidan a participar en este proyecto, en el que buscamos que los vivos no sean un museo para los muertos.

Laura Fernández

miércoles, diciembre 02, 2009

El Poeta Como Un Suvenir De Lo Humano.


San Agustín se preguntaba si un año podía caber en un día, y es justo la poética de Eduardo Zambrano la que intente dar respuesta a esta pregunta con sus dos nuevos libros. Casi sin dejarnos descansar, este poeta nos arroja a un laberinto de palabras, transformándose en un doble personaje: Dédalos/Minotauro. Una combinación que aprende a coexistir en el mismo espacio y, bajo distintas épocas, en una cárcel ilusoria que tiene muchas entradas y salidas. Construye los muros que le permiten situarse en el centro como espectador del viajero que ingrese a través de sus libros. No se limita a crear un puente de distintos tiempos, para encerrar el producto de su deseo, sino que su búsqueda va más allá y se vuelve un itinerante entre la vida rutinaria y páginas que actúa como visores del horror en cada uno de los pasillos creados a través de sus versos.

1. Las Insignias de la Sed.
“Las Insignias de la Sed”, publicado por la UANL y Posdata Ediciones, es una obra que configura un mapa cronológico y topográfico dibujado con trazos de libros que hacen de cada poema una biblioteca que nos permite extender nuestra voz a diferentes momentos y estados de ánimo. Un reloj descompuesto, agregaría, que reelabora el dilema cronológico a través de manecillas que apuntan a todas direcciones sin por ello perder su sentido inicial.
La puerta se abre de par en par desde el inicio; la palabra misma es una sorpresa, a la vez que agente de erosión de una piedra amorfa a la que hemos querido llamar humana.
“Y el agua contra las piedras
No hacía otra cosa
Que repetir su nombre”
Encaminándonos a una primera afirmación, nombrar es poetizar o, si se prefiere, seccionar al autor en la obra. Zambrano se arriesga desde el inicio a mostrarse como un suvenir de lo humano que nace y muere en el habla y para el habla. Pero no nos muestra sólo un jardín de rocas, o una mano petrificada o cualquier otra parte, sino la efigie completa. Deja a un lado los tropos usuales y crea la figura desde la totalidad del poema. Para ello se vale, me permito decirlo, de las viejas teorías presocráticas y echa mano a los principios materiales (aire, agua, tierra, fuego) con los que Empédocles, con suma habilidad, trató de explicar el origen del mundo; mientras que el autor irá más lejos y no sólo los colocará como punto de partida sino también de culminación.
“Son el hombre y la tierra
Tolvaneras de palabra y polvo
Cuando el viento pasa”
Así se entrega a la tarea de elaborar lento, con la paciencia del relojero para que podamos deleitar el viaje al mapa de su utopía.
La Insignias de la Sed es un libro destinado a destruir la relación edípica que muchos autores locales se han trazado con sus autores de cabecera. Es una obra donde se dan citas muchos otras lectura que no intentan quedar a segundo plano, como tampoco la realidad del autor. El libro está dividido en dos partes: La Hermosura Intransigente y Mapas del Desamparo. La primera, reconstruye lo humano y deja en el tapete muchas preguntas de carácter antropológicas, la segunda parte, en cambio, como si se tratara de una épica y no de una poesía lírica, ensambla a Eduardo Zambrano con el carácter ontológico con que da inicio. Es necesario, entiendo, saber qué nos rodea para saber qué somos, o por lo menos, eso me dejó este libro.
Queda ahora armarse de pasión cartográfica e intentar reajustar nuestros relojes para que las manecillas giren no sólo de izquierda a derecha o se atrevan a detenerse en algún punto, pues con ello, se demuestra que el tiempo circula más allá del aparato pero no fuera de las letras.

2. El fortín del Solitario.
El segundo, “El Fortín del Solitario”, publicado por Ediciones Fósforo, en cambio, es una fortaleza donde ha sido invitado Fernando Pessoa a darnos la bienvenida.
Con versos más sólidos, y ya no creando una bola de nievo que va recorriendo un largo camino para convertirse en algo imparable como en “Las Insignias…”, El Fortín del Solitario juega con la contradicción como un caballo ya domado y al cual no es muy difícil cabalgar: “Me dieron a probar la alegría / y su veneno”, nos dice. Aquí la palabra no es un ente novedoso, en El Poema del Escribiente, nos advierte: “después de tanto tiempo / las palabras siguen siendo la única posibilidad / de estar conmigo”; los sentimientos no son algo que sorprendan a la voz poética, quien rápidamente describe estados de ánimos a través de sitios y personajes.
Eduardo Zambrano mira la poesía con respeto, se acerca a ella dispuesto a dejar todo; sabe que en el poema se esconde una felicidad que “Tiene garras, hambre, y un pico prodigioso” fortalecido con el tiempo y “con el cual busca nuestro corazón”. Escribe como quien ha perdido los anteojos y, sin perder un mínimo de lucidez, no se detiene a nombrar su entorno. Su papel es llevar a la realidad a un límite que pueda distorsionarse a sí misma y pueda dar a luz otras realidades, porque, como decía Salustio, “hasta el mundo mismo puede considerarse un mito”. No se deja impactar con lo inmediato. La belleza en muchas ocasiones es un espejismo.
Luz. Mucha Luz en sus ojos.

Los labios pequeños, sensuales.
La nariz pequeña pero orgullosa.

Su risa iba y venía en esa vieja taberna […]

De pronto vi su rostro transfigurado.