
Perdón, madre, padre
Perdón por atragantarme de ciudad
Pero el colocó en mi boca la noche
y el reloj
y nada ni nadie ha puesto en mis labios
La cima del mundo como él lo hizo
Llena de hojillas errantes de lágrimas.
Antes, podría haberme jurado
La Capilla Sixtina
La reina de este desierto
Parada afuera a una sola pierna
Abriendo la dulzura para que nadie me prestara atención
Mostrando la cicatriz del manicomio papal
Muy por debajo del vestido Hegeliano
Que tan rápido descompuso la belleza
que si bien, no era Armani
no me duró mucho tampoco
y me hacía cantar como nunca
a grito de Monterrey siempre yo
pero la moda es así:
rápida y pasajera como sus labios.


6 comentarios:
Yo escuché este poema en la boca de su autor.
Me gusta esta plegaria, me hace pensar en todos los burdos pecados diarios, en la tentación que está ahi, a cada instante, llamandonos a acudir a su ruego, me hace pensar en lo inofensivo que resulta pedir expiación... es lo que queda para los sin dios...
Wirna
para que escribirte tanto. . .
simplemente me encanta este poema
Hola, Nervinson
me pasas tu email? pliz... quiero enviarte una invitación.
Saludos,
Z
Hola, Zaira.
Traté de entrar a tu blog para dejarte mi dirección, pero por alguna razón no me dejó. Bueno, espero puedas verla aquí: nervinson@gmail.com
Que facil es adoptar las cosas vanales y tan dificil desprenderse de ellas.
Linda plegaria.
Te dejo la dirección de un espacio que espero que lo disfrutes, saludos!!!
bosquederecuerdos.blogspot.com
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