
Cada cierto tiempo los rostros vuelven a juguetear con el viento del este y las cenizas traen consigo a Alejandría tratando de huir con el polvo de su cíclico destino. Y recuerdo que cada cierto tiempo a algún ídolo (en su ocaso) se le ocurrirá quemar sus cenizas. ¡Alejandría debe arder! –Gritará--, creyendo que es César y que ha quemado todo antes que él.
Cada cierto tiempo, cuando Alejandría vuelve a arder, nuestros ojos atónitos gritan con nuestras voces: ¡Salve César, los que van a morir te saludan! Y las cenizas se expanden para convertirse en Hipatia esperando que la vuelvan a quemar.


4 comentarios:
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Gracias.
me gusta el poema, n. saludos, gabriela.
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