
Desde el avión tengo la impresión que el Popocatépetl a vuelto a sus viejas andanzas grafitiado un nuevo cartel de bienvenida de un rojo olvido, mientras, también ha gritado fuego en medio de mi destino inicial. Vuelvo a mirar con detenimiento y toda esa lava volcánica expandida por kilómetros y kilómetros es en realidad el DF, y que no es lava sino un esplendor de luces de una ciudad que nunca duerme.
II

Por entre las espesas nubes de color negro está una pequeña puerta ¿dónde con exactitud? No lo sé, sólo el piloto la conoce, pero de un momento a otro me veo descendiendo al Mictlan. Vuelvo a mirar arriba, no hay esperanza, inevitablemente he descendido a ese inframundo a donde me espera Mictlantecuhtli. De seguro me pedirá el pasaporte.
III

A media que el avión se va acercando a su destino final (presentarme una nueva vida) pienso en un día de diciembre en que estoy con mi familia, digamos que tengo 12 o 14 años por lo menos, y que estoy haciendo uno de esos pesebres interminables en la casa. Esa visión es un pequeño sueño en tercera persona, de esos que puedes tocarte y te conviertes sólo en primera persona cuando la risa o el dolor son algo insoportable. A medida que me voy acercando, esto se va pareciendo cada vez más a un souvenir gigantesco de mi niñez; sus casas miniaturas, sus pastorcitos, sus ciudadanos, todo reducido a una mínima expresión, pero no veo esas jirafas o elefantes que nos empeñábamos en colocar como si en Jerusalén el rey de la selva y toda su tropa hubiese estado pendiente del nacimiento del Niño Jesús. Pero salgo de ese sueño inmediatamente y pregunto: ¿Y donde está Dios en todo esto…? ¿En que parte con exactitud esta puesto los personajes principales de este pesebre? Nada, sin respuesta, mejor me ocupo entonces de concentrarme de que la agente de migración me deje entrar y punto.
IV

En el aeropuerto no veo letreros que digan bienvenidos. Tal vez porque al llegar a esta ciudad no se viene a entrar sino a salir de una vida. Uno viene a armarse una gran fiesta en el Día de los Muertos. Tal vez por eso cuando pasé por el interior de ese gusano blanco en el aeropuerto de Santiago para entrar al avión, me imaginé que estaba saliendo de la vida. Lo que no sé precisamente es si iba a un paraíso o si estaba pidiendo traslado desde el infierno a un nivel accesible en esa tierra, total, nada pierdo con querer jugar un rato ajedrez con el díos Mictlantecuhtli. En una de esas, pasaba las pruebas de los 9 lugares, 8 tienen retos para los muertos y en el 9no -el más profundo- si tienes suerte, podías alcanzar el descanso eterno. Tal vez el mítico barrio de Tepito sea este último nivel al que prefiero no ir a descubrir todavía.
V

Mi primera desgracia! No es Mictlantecuhtli quien me recibe, me imagino que es Mictecacihuatl, la diosa del lugar. Aunque en su carnet dice Miriam algo. No logro leer con detenimiento su credencial pero de seguro es ella. Trato de no aparentar mucha alegría. Ella me sonríe, me entero que los muertos sonríen, me digo. Le devuelvo el gesto con otra pelada de dientes que está diciendo: date prisa que estoy nervioso. Ella hace lo mismo pero respondiéndome: no te preocupes no hay nada que un buen corrido mexicano no pueda arreglar. Volteo esperando ver a los mariachis, o a los norteños con su sombrero y hebillas gigantescas hechas para sostener la gran barrigon que a su vez sostiene esos grandes guitarrones que se empeñan en traer. Nada, de nuevo la desgracia, de nuevo a la realidad. Tampoco era Mictecacihuatl.
VI

En el aeropuerto me espera el poeta mexicano Jorge Gómez, quiense convirtió a partir de ese momento en mi más cercano muerto. Aun no termino de asumir que he llegado al sitio donde todos los países circulan en el mismo sitio sin tropezarse; he llegado al país Aleph, que me perdone Borges. Sin querer escuchó que otro muerto de estos que les encanta pasar pruebas inverosímiles, le dice a otro muerto que acaba de llegar: Bienvenido al DFectuoso. Jorge acaba de decirme lo mismo también, pero omite todo lo demás que viene después de la F. O creo que en realidad me dice, Bienvenido a México. Es cierto, he llegado y aún no lo creo.
VII

Un día en el DF me vasto para comprender que mi destino era Monterrey, que me moría de ganas por pasear otra vez por estas calles de la capital, pero que el tiempo y el dinero no me acompañan para ello. Ya vendré, no me extrañen, que yo lo haré por ti, le dije a la ciudad. Para mi asombro, la ciudad no me contestó. Tengo la impresión que las ciudades son como los dioses, les encanta estar calladas y expectante de las ratas de laboratorio en que nos hemos convertidos.
VIII

Destino final. Casi 60 horas de viaje desde que salí de mi antigua casa en Chile: una hora de escala en Perú, 5 o 6 en Costa Rica, un día entero en el DF, un bus que después de 12 horas de viaje me muestra algunas elevaciones provenientes de la Huasteca. He llegado, y con migo, las primeras lagrimas de recuerdo y alegría. Ya no soporto más las películas malas de este ataúd que me regresa a Monterrey. Pero al fin llego. El terminal está casi vacío. Me bajo como desesperado, me asomo a la puerta de salida del andén a ver si ella está allí. Nada, no la veo. Tomé mi equipaje y esta vez entré a la sala de espera dispuesto a seguir como hasta ahora lo he hecho, quedo frío, alguien está sentada viéndome y se para de repente y no sabe que hacer, yo tampoco, optamos por un abrazo silencioso y unas lagrimas ocultas, empeñadas en silenciar mis años de ausencia. Me digo: ha terminado el tour de la metamorfosis.


2 comentarios:
Parece que estamos reactivando nuestros blog. Saludos y estamos al habla.
Me hiciste acordar con eso "mirar con detenimiento y toda esa lava volcánica expandida por kilómetros"
a una canciòn de calle 13, llamada tango del pecado.
Aqui te va un pedacito:
Tres vueltas de carnero y flap! Te fuiste por el agujero
Todos los groseros a bailar encima de lava volcànica
A bailar encima de lava volcánica
Súbele el volumen a la música satánica
Súbele el volumen a la música satánica
Vamos a quemarnos en el fuego con el diablo residente el maximo exponente del pecado
Espero que la escuches para que sepaas el resto
Saludos
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