domingo, enero 08, 2012

El rostro de una mujer llamada Hipatia*


Me acuerdo de una multitud reclamando jus primae noctis
las lágrimas suspendidas en el aire
la ciudad partiendo en dos el ritual órfico como la peste
la daga pitagórica clavada al cielo
esperando se abriera
y la quimera y la caducidad del mundo nos hablara
Así estoy suspendido en un gigantesco año transparente
instalado en los brazos de una hieródula
que también puede ser la que ha dejado caer sus lágrimas sobre mi rostro
siento que su llanto ha arrancando de un tajo mi inocencia
porque no sé cuánto del cuerpo [de mi sueño] fue partidario del desierto y que otras partes de las estrellas
No sé cuánto ha vaciado de su vestido
cuántos de sus huesos fueron arrancados
cuánto de sus ojos y lengua se les pueda llamar Hipatia
Aun así Gilgamesh
mis manos huelen a anestésico

*Parte de mi próximo libro llamado Dub-Sar: la Angustia de Gilgamesh por la muerte de la literatura

lunes, agosto 22, 2011

El cassette (ejercicio literario que encontré en mi baúl de los recuerdos)



Lado A.

Perdone que no recuerde bien el año, lo que si le puedo decir, es sobre el llamado de Gonzáles Vera esa noche, pidiéndome que nos encontráramos. Ya era tarde cuando lo hizo, imagínese. No me dio mayores detalles por teléfono, y su voz no era la de siempre. Ese hombre sereno y de mirada profunda se había desvanecido en un momento en esa llamada. No era él. Apenas alcanzó a dictarme la dirección y cortó. Debe ser muy urgente para que se atreva a citarme a esa hora, pensé. Había un no sé qué en su voz que delataba su preocupación. Y a pesar de todo, no se puede decir que su tono haya sido el de un hombre desesperado, ni siquiera nervioso. Espero entienda si evito nombrar el sitio de nuestro encuentro, pero hay cosas que preferiría dejar en la memoria del silencio. Así que agarré el abrigo y salí de inmediato, era invierno.

Por alguna razón me sentí como Sófocles o Eurípides, qué sé yo; no, no, en realidad como Esquilo; si, como si fuese yo quien se atreviera a escribir en un mundo hecho al son de las grandes fiestas dionisiacas de esta ciudad, como si una comedia aun no inventada diera sus primeros frutos a nuestro alrededor, como si una risa feroz se inclinara a contemplarnos, mientras nosotros permanecemos atónitos ante el espectáculo. Y aun así sentía que estaba viviendo una risa posterior a la Tragedia, una que se atrevía a anticiparse, lo sé, parece una locura, pero la historia gira en círculos, sin entender quién está primero de quién; digamos una manecilla de reloj que está loca y empieza la hora en el numero que le dé la gana: 12, 1, 6; nada importa en realidad, el numero puede ser cualquiera, total, esto no era una comedia, era una tragedia, una autentica tragedia, y ni siquiera puedo decir que fuese yo una actriz de ella, sino su creadora. ¡Cualquiera que tiene experiencia de males sabe cuando un oleaje de infortunio se le viene y grita a sus oídos un clamor que no es adecuado para curarse! Eso lo escribió Esquilo, o yo, como usted quiera. A veces me parece que soy yo la que retrocede en el tiempo, y sin quererlo me veo caminado en las calles del futuro dibujadas tímidamente en mi memoria, repitiendo a Esquilo, o a mí misma, no lo sé. Pero eso es Santiago. Por un momento era yo quien escribía esa Tragedia de Los Persas y no Esquilo. ¿Sabía que los griegos no permitían a las mujeres interpretar ningún papel en sus obras? La historia se repetía, sólo podía escribirla, jamás actuar: una simple espectadora de un mundo donde me había perdido.

Como le digo, Gonzáles Vera me llamó como un personaje de una obra anónima compuesta por mí.

Sé que nunca nombró nada de esto, pero son esos momentos en los que uno se atreve a escribir con gesto y nada más, y eso fue lo que lo llevó a vivir esos días sobre un escenario compuesto de una ciudad que lleva tatuada nuestra memoria en sus paredes. Y él se empeñó en caminar por sus calles teatrales. Pero no es de la ciudad de lo que tengo que hablar ¿cierto?

De seguro se preguntará por qué quise seguir en esa escena y caminar también por ese mundo dibujados por avenidas y edificios donde me vi de un momento a otro deambulando en mi interior en busca de González Vera. Pero ya le dije, eso fue una escena construida por mí, y sin darme cuenta ya estaba caminando por la calle Huérfanos, apunto de atravesar Teatinos, ahí vi de nuevo su rostro. No el del escritor, sino el de él. Le puedo asegurar que la ciudad se desvanecía en una lluvia torrencial, pero pude distinguirlo bien, me estaba siguiendo. No era la primera vez que lo hacía. Tampoco la última. Me dije a mí misma, ya nada puede ser peor. Recuerdo que agarré el paraguas con las dos manos como si fuera un amuleto o un gran martillo capaz de derribar una pared y escapar a través de ella. ¡Vaya!, un paraguas. Qué se puede hace con un paraguas, dígame usted. Apresuré el paso y dos o tres cuadra más allá, quién sabe cuánto, en realidad, logré tomar un taxi; las cuadras me parecieron eternas, pero lo perdí de vista en ese momento. Santiago es una ciudad que se niega a borrarse de nuestra memoria; tiende a desaparecer o aparecer en medio de la lluvia, las personas también, pero no así de nuestra memoria. Y él desapareció junto con la ciudad en ese momento. Y cerré los ojos, me hundí en ese asiento de salvación, me limité a darle la dirección al taxista y no los abrí hasta llegar.

Como sabe, Atosa, la Reina de Persia, la figura más bella de ese relato trágico de Esquilo, soñó como su hijo al ver a dos bellas hermanas rivalizando entre sí, decidió amarrarlas a un carruaje para mantener la paz bajo su dominio. Soñó a su hijo como un gran héroe, con un hermoso uniforme y ojos profundos sobre ellas. Imagínese soñar sobre lo hermoso, no importa la visión que esté viendo, ya sea a pablo Neruda o el rostro de Proust, el sueño con el sólo hecho de saber que es algo hermoso nos dará la alegría que necesitamos, y Atosa fue feliz en ese instante. Sobre aquellas pobres mujeres dispuestas a sacrificarse, le contaré que Jerjes, el hijo de Atosa, colocó amarres sobre sus cuellos, y echó a andar el carruaje. Pero una resultó ser dócil y orgullosa de su amo, la otra, en cambio, decidió revelarse hasta volcar el carruaje. Creo que usted recordará como esa pobre mujer, Atosa, sabiendo que había sobrevivido su hijo al infortunio, lloró por todas las madres que no corrieron la misma fortuna en ese carruaje como su hijo, que apenas regresó con el uniforme desgarrado a lamentar su infortunio; pero ese carruaje fue en realidad la guerra de los persas contra los griegos. Es decir, cada una de esas mujeres del carruaje fue un país, pero también la idea de la barbarie contra la civilización ¿Y adivine quién fue la bárbara y quien la civilizada?.

Sí, ya sé que no lo sabe, pero la bárbara era la dócil, entiende usted, la dócil, y la que se rebelaba era la civilizada. Por lo menos debemos agradecer que atribuyeran una vez en la vida la idea de civilizada a una mujer. Pero nada es tan perfecto, éramos la guerra. Diosas de la guerra, le pondría yo. Digámoslo de otra forma, todos llevamos un mundo bárbaro y un mundo civilizado dentro, sólo que el bárbaro en muchas ocasiones es el más dócil. Así que cuando escuché la voz de Gonzáles Vera sin la calma acostumbrada, en esos pocos segundos, entendí que aunque el mundo civilizado prime sobre el bárbaro éste había logrado derribar otro carruaje, y ese barbarismo dócil al amo, tarde o temprano lograba postrarse en cualquier café de la ciudad, a altas horas de la noche, preocupado por los ojos que viven sobre nosotros y decidido a afrontar el mundo y sus grietas. Y nosotros acostumbramos a perdernos en éstas; Rilke lo supo, Dostoievski lo supo también, y como no lo iba a saber un escritor con la talla y la humildad de ese hombre, no lo podía creer. Tarde o temprano nos llega ese día, el de la persecución, y así fue que me recibió con un gran abrazo en el café, viviendo esa especie de suerte que nos unía. Pero sigamos con Gonzáles Vera. Parecía nervioso, era difícil saberlo, siempre había sido un tanto misterioso, y con un sentido del humor muy refinado y no creo que haya alguien en este planeta que pueda decir cuando ese hombre estaba de buen humor o de mal humor. Hasta hoy en día me lo pregunto. Y esa vendita manía de mirar a los lados a cada rato. Siempre me molestó ese detalle, pero no me atreví a decirle nada, hubiese sido una impertinencia de mi parte, era un disimulo bastante infantil empeñado en ejercerlo sin la menor precaución. Pero así era él.

Yo estaba empapada, estaba hecha un desastre, pero no me dio tiempo ni de justificarme, aquél hombre silencioso, casi sepulcral, rompió en una serie de palabras sin mantener una oración concordante con la otra, pero con la educación de siempre. Empezó a hablarme de la poesía, de la vida, de los muertos. Todo al mismo tiempo. Nunca lo había visto tan vivo al hablar. Las manos saltaban a todos lados, A nadie se le llama con tanto sobresalto a esas horas de la noche y con lluvia para hablarle de poesía, pensé. Pero ahí estaba, la barbarie, dócil, exaltada por un no sé qué. Sentí que leyó mi pensamiento, y se permitió contestar con un silencio. Después de una pausa, sin darme un mínimo de preparación empezó a decirme: Luis Valenzuela, el poeta, ha muerto, lo tiraron de un décimo piso en una fiesta hace tres días, la policía dice que fue suicidio. Yo no lo creo, y a eso súmale la muerte de los otros escritores en esas últimas fechas. Quise interrumpirlo, decirle que a todos nos llega la hora, pero siguió, era como si yo no estuviera. Manuel Rieles también ha muerto, dijo, a él lo atropelló un auto hace poco ¿leíste la noticia? Le iba a contestar que estaba al tanto de eso, pero no me dejó, como le digo, hablaba sin parar. Continuó con un tono más frío: Esos dos hombres que están a tu derecha me han estado persiguiendo desde hace días, pensé que los había perdido antes de llegar aquí pero ahí están de nuevo. Su mirada se endureció.

Déjeme recordar; a mi edad esto no es para nada fácil. Cuando hablo de ello parece que lo estuviera viviendo de nuevo. Antonio Santos Gonzáles Rojas era un anarquista. Entenderá que no tiene nada de extraño que lo persiguieran, pero por otro lado, era un hombre conocido, una carrera literaria ya hecha, una figura pública, y para colmo de avanzada edad, eso descartaba que a un viejo por más anarquista que fuese, lo estuvieran persiguiendo. Traté de decírselo, pero de nuevo no me dejó. Pero al mirar a donde él me había dicho, con un disimulo menos incrédulo que el de él, en lugar de ver dos hombres vestidos de negro, con mirada inquisidora, o lentes oscuros encontré en su lugar a un hombre alto, de espesos bigotes. Una figura varonil imposible de olvidar. Vi en lugar de los perseguidores de González Vera, al mío. No me di cuenta cuando me llevé la mano a la boca. Mi piel se estremeció. Yo también pensé que lo había perdido cuando me monté al taxi. Sabía lo que estaba pensando. A cada movimiento él sólo daba una bocanada a su cigarro. Me agarró del brazo, pude sentir su pulso como si fuera el mío, el miedo por alguna razón se había convertido en un impulso menos soberbio que mío, fue cuando escuché la voz que decía, espérame un momento, retiró su brazo del mío y se apresuró a levantarse, estaba dispuesto a todo, su propósito era ir a enfrentar a las dos supuestos “matones” que yo nunca vi, yo sólo agaché la cabeza como una niña, entregándome a mis recuerdos en esos segundos.

Según me contó cuando llegó a la mesa, los dos hombres se fueron apenas vieron que él iba en dirección allá. La noche se extendió y a él sólo le dio por platicarme de la tragedia griega.

viernes, marzo 18, 2011

10 Ojos para contemplar la noche: lectura poética


Sitio: Gargantúa café&bar
Dir: Escobedo 740., col. Centro, Mty.
Hr: 19:30

Lectura a cargo de:

Gabriela Cantú Westendarp
Zaira Espinosa
Laura Fernández
Esther M. García
Adriana Meza

martes, diciembre 14, 2010

John Lennon: la sospecha de una época


Busca la senda y busca el camino
acabarás mareado
¿Qué vida perra será tu destino?
¿Quién ha escrito tu guión?
La libertad vive en una estatua
en medio de Nueva York
y todo el mundo ha cedido
a su pánico interior.

La Polla – Jodiana.

Es 8 de diciembre de 1980 –faltan casi dos años para que estalle la guerra de las Malvinas y cinco para que Gorbachov asuma el poder en la URSS–. En algún rincón de New York alguien abre la puerta de su estudio de grabación. Ahí mismo, para desilusión de quienes están en el poder, este hombre no ve instrumentos musicales, cables y micrófonos. No, a cambio encuentra un rincón preciso para dar rienda suelta a su espíritu lúdico y contestatario. Hace una mueca que puede ser definida en este momento como una sonrisa. Está con su esposa y llegaron para editar un tema. Desde ahí empieza a expresar el disgusto de vivir en un planeta que parece haber olvidado su propia humanidad y que ha embarcado a su población en dos fragatas con destino a un naufragio seguro. La guerra fría late como un corazón a punto de infartarse. Este hombre se agarra el pecho como si fuera el suyo el que fuera a detenerse, y con voz desgarbada empieza a pedir a gritos que alguien introduzca sus manos por las fisuras del “mundo real” y deje escapar –casi veinte años antes, había proclamado la capacidad de soñar– la utopía que se mantiene retenida detrás de sus paredes. Quien asume esa responsabilidad es el atormentado John Lennon, quien no sabe todavía que morirá horas después, por razones misteriosas, a manos de Mark David Chapman y se dedica, por mientras, a hacer lo que mejor sabe hacer: música.

Desde la separación de los Beatles, John marcó una diferencia abismal con el resto de la banda. Desde 1971, con la salida de Imagine, disco que ocupó los primeros lugares por semanas, se atrevió a pedir que imaginaran un mundo sin países, sin religión y sin propiedad privada. Si bien es cierto que cada generación tiene sus propios desafíos históricos, a John le tocó vivir una serie de transformaciones de las que no salió inmune, y de las cuales, de una u otra manera, dio respuesta. Pero, ¿fue John Lennon en realidad un músico comprometido? A su manera lo fue, pienso, o dentro del entorno que vivió, se podría decir que lo fue. Sí, es cierto, existía Bob Dylan alentando a una generación Yippie. Pero ni a Lennon ni a Dylan se les vio en una manifestación callejera con pancarta en mano. Todo se hizo desde un escenario con cientos de espectadores y detrás de un tocadiscos. Pero para las generaciones posesentayochista el libro, esa caja donde se encarcela el papel, sufrió una modificación importante de la cual hasta el día de hoy nos servimos. La música rock había nacido y se había quedado. El libro se había convertido en música, había recuperado esa esencia auditiva con que inició. A través de Imagine se pudo balbucear los nombres de Proudhon y Bakunin. Si Lennon pedía imaginar un mundo sin propiedad, el francés Proudhon, en pleno siglo XIX, había hecho la pregunta necesaria: “¿Qué es la propiedad? ...la propiedad es un robo”; Bakunin, por otro lado, ya había criticado a Marx el hecho de creer que el estado era algo necesario, pues sólo cambiaríamos una clase opresora por otro. Algo que John Lennon, a su forma, supo expresar. No fue Anarquista ni marxista hasta donde se sabe, pero seguro estuvo al tanto de todas estas ideas. Pero ante todo, John fue un hombre que aprendió a mirar al cielo con los pies en la tierra. La música rock era el nuevo medio necesario para que volviéramos a introducir la mano a través de la grieta de la lápida capitalista y rescatáramos la utopía. De una u otra manera, el espíritu de los enciclopedistas franceses se recuperaba en la música. Esto coloca a Lennon más cerca de la actitud punk –que no nacería, casualmente, sino después de sus primeros discos– que del pop.

No hay que olvidar que toda heterodoxia trae consigo una fecha de caducidad implícita, y la resistencia de llegar a este desvanecimiento es donde radica su valor. Las vanguardias artísticas del siglo XX fueron consumidas con la rapidez de un cigarrillo en la boca de Jean Dean. La denuncia social quedó desprovista de sentido una vez que se exhibieron en las estanterías de las grandes tiendas departamentales. Fueron aplaudidas, incluso, por los mismos criticados. El terror de Lennon siempre fue éste, estaba consciente de tener que ser un dínamo de innovación, incluso, para sí mismo; un John compitiendo contra otro John. No es casualidad que uno de los que disparara críticas lúcidas y mordaces contra los Beatles haya sido precisamente él. Se necesitaba un cambio importante, reconocer que los Beatles fue una gran banda, pero que no podía seguir en lo mismo. Le tocó vivir en una lucha constante contra sí mismo y contra su medio. De antemano sabía que era poco lo que duraría la sospecha que trataba de poner en boca del ciudadano común, que por otra parte, estaba más interesado en la figura de un ex Beatles que en la de su propuesta. John nunca pudo liberarse de su camisa de fuerza, y aun así apostó. Se nos olvida con mucha frecuencia que la noción del “Estado”, admirable tanto para el socialismo marxista como para el capitalismo, fue criticado también en el disco Plastic Ono Band –uno de sus disco más ácidos–. Algo que irónicamente escuchan, con cierta nostalgia impostada, los arquitectos del poder político. No sería de extrañar que el mismo Reagan la coreara mientras bombardeaba algún rincón del mundo. ¿Pero es Lennon el responsable de esto? ¿Al igual que lo será The Clash cuando las generaciones posteriores a su éxito cante desde el poder “London Calling”?

Otra de las cosas que hacen volver la mirada a Lennon, fue su actitud sarcástica. Un Lennon que se podía contradecirse y luego reír de ello y admitir que fue un momento de coraje. Gritar sin remordimientos que no creía en Dios, sobre todo porque su ateísmo era una forma de recuperar la individualidad perdida por el conservadurismo religioso. Atacó con sus letras los principales pilares de la sociedad capitalista. No hay que olvidar que en pleno concierto de The Beatles, en Alemania, Lennon hacía burla del saludo nazi. Podía aparecer desnudo y protestar por la paz mundial con la misma facilidad con que podía hablar de sus tormentos pasionales. Así fue como contribuyó a levantar el mito Jonhn Lennon ante la sociedad mundial, para luego complacer en destruirlo abogando por causas que consideró, no sin razón, más justas, como la de la activista Angela Davis.

Si Homero hubiese conocido a Ulises, seguramente le hubiese parecido una persona común y corriente, escribió Werner Jaeger. Me pregunto qué pasaría si Lennon lo hubiésemos conocido y no hubiese tenido ese trágico final. ¿Nos parecería el mismo Lennon? Hoy en día el exbeatle sobrevive a todo el imaginario al que ha sometido con cierta injusticia y exageración. Indistintamente de eso, se puede afirmar que el tema central de sus discos fue el amor a la humanidad. Con esa sensación de desespero y el desencanto producido por la esquizofrenia entre lo que el ser humano tiene conciencia de poder ser y la miseria en que se ha vuelto . Lo cual le otorga un sitial privilegiado dentro de la historia. Sólo así se le puede considerar a Lennon dentro de la contracultura, por goteo. Algo que no podía percibir su época, sino las posteriores que ampliaron y radicalizaron su malestar.

Pero volvamos la mirada al año 1980. Situémonos de nuevo en ese mítico año. Pronto saldrá Madonna con un feminismo desgastado y la época de la liberación sexual quedará colapsada por exceso de vacío en su discurso. Faltan apenas nueve años para que caiga el muro de Berlín y once para que caiga la Unión Soviética. El hombre que está sentado en su estudio, puede aún sonreír, pensar en su familia y esperar que cambien las cosas a futuro, aunque días antes hubiese dicho que no creía en nada más allá que no fuera el presente. EL atentado contra Lennon fue la forma de tratar de terminar con el espíritu nutrido de los 60’ y 70´. Pero también podemos ver que fue un atentado fallido, pues más allá de Lennon o Dylan, la música contestataria sigue por nuevos rumbos, que de seguro si Lennon viviera, trataría de explorarlos. Buscaría, sin cesar, situarse en las distintas ramas del árbol genealógico del Rock. No se conformaría con ser parte sólo del tronco de este fenómeno. Pero a fin de cuentas, el capitalismo ha dado ciertos dotes de heterodoxia que exige nuevos modos de combatirlo.

sábado, octubre 23, 2010

Lectura de poesía



A cargo de:
Eduardo Zambrano
Guillermo Meléndez
Nérvinson Machado

Miércoles 27 de Octubre
Hr: 7:30 pm
Dir: Café Kúndul Oriental, Juan Ignacio Ramón 1020, esq. con Gómez Farías, Barrio Antiguo (frente al paseo Sta. Lucia), Mty.
Entrada gratuita.

domingo, agosto 22, 2010

Un animal oscuro



Un animal oscuro ha invadido mi casa
Se ha instalado en mi silla
Y ha escrito un verso
Que tiene la voz de un muerto

domingo, agosto 01, 2010

Peso Muerto: Miles Davis


Digamos que el golpe de un gallo es algo para tomárselo muy en serio
su puño de piedra canta como si ese cuerpo de fuego
hablara de calles, ciudades y rostros
jodidos
necesarios de exorcizar
Basta que se ponga sus calzoncillos azules y se cuadre para la pelea
y no cante, no cante la avaricia del amanecer
sólo un pin pun pan
un artefacto ruidoso
y el público dale, dale, dale Davis
Una máquina de volver madre a cualquiera
así, con su cara de esquina inofensiva
soplando un golpe tras otro
(¡Dios Santo!¡Dios Santo!)
su mano de victrola baila como niño ciego
haciendo versos de historia
como si el futuro hubiese quedado atrás
el Gallo canta knockout antes del amanecer
para declarar que le ha reventado la boca a la noche.

martes, junio 15, 2010

Lazamiento del libro "No apto para turista" del poeta salvadoreño Otoniel Guevara.




Café Nuevo Brasil
Zaragoza casi esquina con Washintong - Col. Centro - Monterrey
7:00 pm.

jueves, abril 01, 2010

Círculo de lectura de Autores del siglo XX: George Perec - La vida instrucciones de uso.


Inicio:
Martes 16 de abril
Hr: 7:30 pm.
Cafetería de la librería Gandhi (Monterrey)
Hidalgo 1171 - Col. Centro.
Información o inscripción:
nervinson@gmail.com

viernes, febrero 12, 2010

Voces de Cartón


Jueves 18 Feb, 20:00 hrs: Inauguración "Voces de Cartón"
Inauguración a cargo de Lino Rdz

Artistas
Eduardo Rioja Paradela
Abraham Sánchez
Camboly de la paz
Javier Rodríguez
Beat Bernal
Ricardo Rulopzy

Dueto (violín y piano) del Ensamble Agreb
Charles M. Champi
Cesar López Villanueva

Domingo 21 Feb, 17:00 hrs: Performance Poético
María Russo

Martes 23 Feb, 20:00 hrs: Lectura de Poesía
Eduardo Zambrano
Guillermo Meléndez
Iván Trejo
Nérvinson Machado

Miércoles 24Feb, 20:00 hrs: Foro de discusión abierto sobre editoriales independientes.
Alejandra Peart (Atemporia)
José Palomares (Casamanita Cartonera)
Livier Fdz Topete (Ediciones Intempestivas)
Laura Fernández (Regia Cartonera)

Jueves 25 Feb, 20:00 hrs: Lectura de Cuentos
Luis Valdez
Homero Leal
Laura Fernández
Eduardo Benítez

Viernes 26 Feb, 20:00 hrs:
Lanzamiento del Los Poemarios de Guillermo Meléndez
presenta Nérvinson Machado

Domingo 28 Feb, 20:00 hrs:
Muestra de las obras creadas por el público del Taller Cartonero
y Clausura del evento

Taller de Construcción de Libros Cartoneros
3 Sesiones de Miércoles 24 a Viernes 26 de Febrero
en horario de 15:00 a 17:00 hrs
1 Sesión de exhibición de las obras creadas.
*Taller Gratuito en la compra de un libro cartonero

martes, febrero 09, 2010

Jueves 11/02/10: Entrevista en la radio Digital: www.xhweb.com.mx


Este jueves 11 de Febrero, en la radio www.xhweb.com.mx, se llevará a cabo la entrevista al escritor venezolano Nérvinson Machado. En ella tocaremos temas sobre la historia del libro, La Epopeya de Gilgamesh, su labor como escritor y su participación en la editorial independiente La Regia Cartonera. Quedan todos invitados a las 6:00 p.m.

www.xhweb.com.mx

jueves, febrero 04, 2010

Círculos de Lectura en la librería Gandhi: La Epopeya de Gilgamesh




Inicio: 16 de Febrero(4 sesiones)
19:00 a 20:40 Hrs.

Dir: Hidalgo 1171 - Col. Centro - Monterrey

Cuotas por participante:
Público en General: $390
Clientes con Página 1: $275

Interesados escribir a:
nervinson@gmail.com
(cupo limitado a 10 personas)

*No incluye material
**10% descuento en los libros del programa

miércoles, enero 27, 2010

Un gusano más al aire: Columna II -Texto Asirio


Me vi en un sueño perseguido por una enfermedad y como si fuese yo un monstruo empuñando un mundo / No había a quien contarle que el ruido entre mis manos tenía colmillos que me hacían sangrar / No había a quien contarle que en ese mundo las calles eran millones de libros desparramándose en un llanto incontenible de sangre / Y sentí que estaba escribiendo barro en el barro / con un lodo que tenía demasiado de mí / Y mis heridas parecían dibujos que hablaban de esa primera perdida del Saqueo / me sentí un rey navegando por esas calles despidiéndome de vivos y muertos / Me vi en ese sueño y supe que era dos tercios poeta / supe que era un tercio mortal / supe que era la perdición / supe que mi nombre era Gilgamesh.

[Lo demás está perdido]

lunes, enero 11, 2010

Las Naciones Unidas


Cuento publicado en www.indie.cl




Es curioso, le había dicho que me sumergiría en ella, que sería un submarino imparable todo ese fin de semana, un arma nuclear que no la dejaría descansar y vi sus ojos brillar mientras hablaba. Quince minutos después apareció la noticia de un submarino ruso hundido con toda su tripulación. Todos murieron. Desde ahí no se me ha vuelto a parar. Tampoco la he vuelto a ver.


Por razones obvias no daré muchos detalles sobre mí. ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? No importa mucho ahora. Son preguntas con una misma conclusión: un gigantesco agujero negro atornillado en un sótano de esta ciudad. Diré, para no dejar nada en el aire, que esta historia comienza justo cuando se acaba la mía. No podía ser distinto. Bastará comunicar que llegué a este país un día de abril cuando en todos los diarios aparecía un presidente peruano sonriéndole al mundo mientras caminaba sobre los cuerpos de unos guerrilleros muertos. La piel se me heló. No fue una bonita bienvenida al sur del continente. Y lo recuerdo bien porque fue la última vez que pude llorar. Y si lo pienso bien, no sé si realmente lloré por esos pobres hombres. Sin embargo, aprendí desde el primer día a hacer una buena imitación de mí; a caminar como caminaba antes, a hablar como si fuese yo y no ese extraño que no era yo a partir de ese momento. Así que nada mejor para despedirme de ese muerto que con unas lágrimas. Lo dejaremos, entonces, como que lloré por mí.

De ella, en cambio, puedo hablar un poco más. Puedo decir, por ejemplo, que conocí a Ceci cuando estudiábamos los últimos grados del liceo y no hacíamos diferencia entre amor y sexo; cogíamos como hámster y sudábamos como obreros. Ella tenía 15, yo 16. Perdimos la virginidad juntos, también la cabeza. Su madre me adoró desde el primer momento que me vio y fue entonces cuando me di cuenta de que era Chilena.

“Él es mi pololo”, me presentó un día y aquello sonó como música para mis oídos. Usó un acento que no había escuchado antes. Hasta ese momento, si me hubiesen preguntado cómo hablaba un chileno, lo más seguro es que hubiese dicho que como argentino o como peruano. Pero qué culpa tengo. Si le preguntan a un español cómo habla un venezolano o cualquier latinoamericano, dirá lo mismo, o intentará imitar con su seseo molestoso a un mexicano o quizá a un brasileño. Todo depende de qué tan creativo haya amanecido ese día. De todas maneras, no entendí mucho lo que decían. Nada nuevo en realidad, porque si hago memoria, no recuerdo que haya tenido conversaciones muy largas con su familia. Tampoco con ella.

Debo confesarlo, soy adicto a las noticias, me he vuelto un voyeur del mundo cada vez que enciendo la tele, y a eso me dedicaba cuando pasaba tiempo en la casa de Ceci; me convertía en el gran ojo de Dios. Hacíamos el amor casi siempre a la hora del noticiero cuando sus padres, casualmente, no estaban en casa. Mi fuerte adicción a las noticas sólo es compensable con mi instinto sexual. A ella, en cambio, le daba igual, creo. Eso sí, conocí a su padre, conocí a su madre, conocí a su hermano menor, también conocí a Bruno, quien sonreía como para que a uno no le quedara la menor duda de que un dentista loco había planeado una venganza cruel contra su dentadura. Pobre.

Dicho de otro modo: habíamos ingresado a un bosque imaginario donde todos los árboles tenían grabado nuestras iníciales y no se necesitaba hablar para entendernos. Simplemente caminábamos de la mano y nos perdíamos en él hasta llegar al fondo de un abismo que nos sumergía cada vez más. Aún me acuerdo de su delicadeza, la finura cuando comenzaba a desvestirse, era digna de un comercial de Calvin Klein.

Por eso, cuando escuché la noticia sobre treintaicinco mil refugiados kosovares desaparecidos de Armenia, pensé que ninguna otra noticia podría superar ésa y fui corriendo a casa de Ceci. Tragué un buche de saliva como si fuese un puñado de clavos. Imaginé por un instante que ella se excitaría tanto como yo por ver una noticia tan espantosa. Mi sorpresa fue otra. Pensé que ella en realidad era una de esos Kosovares. Su casa era un hueco en mi pecho; las paredes no explicaban mi cara de perplejidad. EL sitio estaba vacío. Alguien puso una mano sobre mi hombro, me sequé las lágrimas y no voltee a ver quién era, sabía que no era Ceci. ¿A dónde me había ido yo en ese momento? No lo sé. ¿Quién fui a partir de ahí? Ni puta idea. Lo único que me esperó fue una cara con una sonrisa monalisesca. Era Bruno que me arrastró hacia él y con una voz, juraría, reservada para ese momento, me dijo: “Yo te puedo ayudar”. Su mirada me desnudó.


2


El ruido del teléfono con el tiempo se volvió una bofetada que ha perdido su furia. Es, si me permiten decirlo, la respiración artificial que te da un sicópata sexual para no dejarte morir y a lo cual te aferras sin darle mucha importancia. Es raro, el teléfono no está ahí para ser descolgado. Nadie te contesta si levantas la bocina. Pero de vez en cuando hay un nuevo que lo hace y viene otro y le atraviesa la cara de una cachetada. Con eso despertamos.

Vivimos en una casa alejada del centro de la ciudad. Vista desde fuera, parece un palacio. Sin embargo todos los días tenemos que regresar a esta alcantarilla; si se la observa detenidamente, es posible ver el fin del mundo ahí adentro. Todos dormimos amontonados, en el suelo, menos Bruno, que viene cada cierto tiempo y tiene su propia habitación. Casi nunca lo vemos, se la pasa viajando. Bruno es un fantasma. Sólo se está seguro de que anda por ahí cuando llega uno de los “nuevos”. No sabes cómo pero él aparece y se lo lleva a su habitación. A mitad de la noche vemos a Bruno fumado y al pendejo llorando en un rincón. Nadie dice nada.

Con el trabajo es distinto, para eso nos trajeron aquí a Chile. Trabajamos en un sótano poblado de lo peor de América, en pleno centro de Santiago. Le llamamos las Naciones Unidas. Es un edificio grande. Sólo tenemos oportunidad de contemplarlo desde afuera, cuando una camioneta con vidrios polarizados nos lleva hasta ahí. Somos como un nido de ratas con tecnología, en un sitio con un foco colgando del techo, al que, de vez en cuando, algún gracioso hace girar para que los residuos de luz te hagan recordar qué tan desgraciada es tu vida. De eso se trataba todo esto, de presumir el foco dando vueltas, de la casa lujosa reacondicionada por dentro para ser una cárcel y de seres entregados a lo más oscuro de un edifico.

A veces uno de nosotros es ascendido, porque hasta el infierno tiene niveles. Nunca más lo volvíamos ver. Se hacían mitos fabulosos sobre los otros pisos. Yo trataba de trabajar al máximo para que me sacaran de ahí. Decían que arriba se podía usar el teléfono. Quizá así, penspe, pueda encontrar a Ceci esta ciudad. Para eso vine. Total, el trabajo es sencillo. Sólo tenías que sentarte en un computador, chatear con desconocidas repitiendo frases ya memorizadas y listo, ahí la tenías, alguna siempre cae. Aquí le llamamos “productos”. Sólo son ascendidos los que consiguen diez “productos” por día. Había que hacerse pasar por alguien que estaba jodido. Si era posible, alguien lo más parecido a uno pero sin ser uno. Así se conseguían los productos, también tu pasaporte a la desgracia.

Una vez alguien comentó en la hora de la comida que al preguntarle a uno de los padres (así nos hacen decirle a los guardias): “¿para qué las quieren?” y esto lo dijo con una cara de espanto y de repente miraba al techo y movía la cabeza como si quisiera afirmar algo. El padre –dijo el huevón- se le acercó como si lo fuera a besar, pero terminó mirándolo como si tuviera un solo ojo, se humedeció los labios y colocó un puño que frotó como si acariciara dinero, y luego le dijo: “para mandarlas en trocitos a Europa”. No le creímos mucho al huevón porque se orinaba la cama. Pocos días después nos enteramos de que se había escapado con el mismo padre y nos castigaron con una semana entera de media ración de comida.




3

Hasta que por fin se dio. Me habían ascendido al primer piso, la fiesta de bienvenida fue en un restaurant lujoso con un montón de personas que nunca había visto en mi vida. Ahora que lo menciono, Bruno no es tan malo como parece. Ese mismo día me llevó a un prostíbulo. “te lo mereces”, me dijo. Lo que siguió después trataré de relatarlo en pocas palabras: Una mujer me bailó después de que Bruno extrajera de su bolsillo un fajo de billetes y se lo metiera en el brasiere a la bailarina, luego ella me llevó a una habitación que parecía un chiquero. Me acordé de la casa donde nos tenían, hasta en un prostíbulo se vive más decente, la envidié. Luego me tiró a la cama, me desnudó y, justo cuando pensé que ella iba a hacer lo mismo, se acercó a una cortina que descubrió de un zarpazo. Atrás estaba Bruno y los tipos de la cena quienes se amontonaron en el vidrio como si quisieran traspasarlo; parecían moscas alrededor de la mierda. Yo le pregunté a la mujer que si la tele tenía cable. “sí”, contestó ella. Le pedí que la encendiera y me vio con cara de bicho raro. La colocó en CNN como le pedí. Comentaron sobre siete personas muertas en el concierto del grupo Pearl Jean. Hicimos el amor toda la noche.





4

Ahora soy un tipo con un cubículo propio. Me dejan ver las noticias a la hora de comer. Aquí te dejan hablar con los otros, te dejan que los otros te jodan también. Me dan un fin de semana al mes para salir. Aquí sólo te exigen 30 productos al día. Casi nada en verdad. La competencia es dura, claro, pero no imposible. Tengo también teléfono propio, “para que todo parezca más real ¿cachai?” me dijo uno vez un padre con un tono sacado de una mala película erótica. Quise preguntarle qué película había visto, pero me limité a decirle: “Sí cacho”.

En mi primera salida, Ceci me estaba esperando en la puerta, como si siempre hubiese sabido donde me encontraba. Escuché su voz y mentiría si digo que la reconocí a la primera. La miré con asombro, sin saber a ciencia cierta qué iba a decir. Después de todo lo que había pasado, después de todo aquello que tuve que hacer para venir aquí a buscarla y ella ahí estaba. “tenemos que irnos ahora mismo de aquí” agregó categóricamente. Una hora después estábamos en un hotel. Me miraba como loca y se me tiró encima, después de asomarse a la puerta por lo menos cinco veces. Encendió la tele: la noticia, el submarino, mi desgracia y la caída a lo profundo. Lo demás está claro, salí corriendo despavorido de esa habitación directo a la noche.


Es invierno y hace mucho frío, pienso en el submarino, pienso en mi don perdido para las noticias y también en Bruno y me doy cuenta que él ha sido todo para mí. Camino un poco a pesar de que ha empezado a llover, es una lluvia piadosa de las muchas que aparecen en invierno y de las pocas que te evaporan de la realidad con facilidad.

viernes, enero 08, 2010

En los Pasillos del Museo de los Vivos


El siguiente texto fue un monólogo solicitado para una obra de teatro que se llevaría a cabo el día de los muertos. En vista del poco tiempo que me quedaba, sólo metí en una licuadora varios poemas viejos que tenía guardado en el baúl de "nunca jamás abrir" y terminé así, autoplagiándome (norma, por lo demás, necesaria en un escritor). Luego la revista electrónica Lóbulo Temporal lo publicó.


Siempre me han dicho que los museos funcionan con su propio tiempo, más allá de la tiranía de las manecillas del reloj. Camino por ellos y voy trazando mi propio tiempo en cada época que reposa en los objetos que veo. Así he aprendido de mi voz, como el itinerario que sirve para orientarme en este manicomio de los vivos.

Veo mi estómago y estoy a punto de abrirlo para ustedes. Adentro guardo un jarrón Griego con una pintura que describe a Moctezuma dándole un abrazo a Cortés con cara de no saber por qué hace eso; una momia egipcia todavía sonriente; una bala perdida de la Revolución Mexicana salida del arma del mismísimo Pancho Villa; el martillo con el que bautizaron a Trosky con mi nombre. Pero mirando mi interior, intuyo esa forma que los museos pudieron adoptar. Adentro siempre llueve y la lluvia cae en forma de letras. En mi museo, son los vivos los que posan para los muertos.

Caen mis palabras, pero nadie se moja. Los locos saben que cada sílaba es miga de pan con la que marco el camino por donde han de transitar los demás. El problema es el mundo de los vivos; su gran manicomio lleno de personas cuerdas. No somos los muertos los mudos, sino ustedes, los vivos, los sordos. Y no me queda más que despedirme ahora, irme para ofrecerle café al tiempo, tratando de que su sabor amargo lo apacigüe. Porque el tiempo es eso: una taza de café que cada día bebo.

miércoles, enero 06, 2010

REFLEXIONES SOBRE LITERATURA, CRÍTICA Y MUERTE*



Extraído de la revista digital Pantagruélica (www.revistapantagruelica.com).

Menard -recuerdo- declaraba que censurar y alabar son operaciones sentimentales que nada tienen que ver con la crítica.

Pierre Menard, autor del Quijote - Jorge Luís Borges.




Empecemos con una anécdota personal.

Uno de los casos más extraños con los que me he topado sobre literatura, crítica y muerte, sucedió cuando lavaba baños en un restaurante en la ciudad de Santiago. En uno de los diarios que usaba para limpiar los espejos, encontré un artículo sobre la relación de algunos escritores con sucesos criminales. Por entonces, el oficio que realizaba me parecía agobiante y un medio eficaz para refugiarme en la Biblioteca Nacional; para mi fortuna, ésta quedaba a pocas cuadras del trabajaba, y el artículo que encontré en ese baño sirvió para abocarme con más interés a la literatura chilena de mediados del siglo XX. Pero mi anécdota no es sobre la biblioteca, sino de mi trabajo dentro del restaurante y la relación con el duro arte de lavar platos; también sobre el encuentro con la escritora María Carolina Geel, pues todo ocurrió en el mismo sitio.

Lo extraño de mi oficio en aquél entonces no era mi labor sino el adjetivo calificativo, ya que era lavaplatos y no limpiabaños. Podrían estar preguntándose en este momento: qué relación hay entre un baño y un fregadero, también, si hay relación con este foro. Les contestaré de inmediato: mucha, pues hay una similar entre literatura y crítica, tema que nos reúne ahora.

Está claro que una palabra por sí sola es incapaz de contener una idea. Un ejemplo de ello es la palabra "literatura", en la cual cada día se ve más difusa la frontera que ésta abarca, y muchas veces la vemos surgir en cualquier espacio, aunque no sea siempre el más idóneo; lo corroboro con mi anécdota en ese baño que me permitió conocer el caso de uno de los huéspedes huidizos de la literatura chilena, que ha sido, sin duda, Georgina Silva, quien fue mejor conocida con el seudónimo de María Carolina Geel. Si bien sus novelas siguen siendo consideradas por muchos críticos como "mediocres, del montón, de las que pasan por incomprendidas y quedan en el olvido", como decía aquél artículo del diario La Tercera, logró romper el cerco que la crítica le había destinado para convertirse en un personaje de su propia obra de terror.

Para 1955 María Carolina había publicado varias novelas, inicialmente con el respaldo de uno de los críticos más respetado de la época, Alone, también bajo el influjo de la estética francesa. Pero fue esa fecha la que va a marcar de por vida a esta autora. Un día de abril de ese mismo año, después de una repentina discusión con su amante, Georgina Silva sacó un revólver y disparó sobre el hombre. Luego abrazo el cadáver y esperó pacientemente que llegara la policía. Lo que vino después, es materia de diarios amarillistas. Lo que sí me gustaría referirme es a su narración "Cárcel de Mujeres" y a un libro de crítica literaria que publicó posteriormente " Siete Escritoras Chilenas", que a fin de cuenta, componen una misma novela interesante y paralela en la cual se refugio.

En la literatura se necesita ser violadores, violados, asesinos, asesinados, hombres y mujeres, víctimas y verdugos, si se desea. Lo necesitamos para no volvernos locos y terminar siendo todo lo que no deseamos en la vida "real". Las letras son un gigantesco escenario de teatro. Sin embargo, se han dado casos de enfermedades literarias, donde el lector no ha sabido diferenciar entre realidad y ficción. En algunos casos no es preocupante (muchos críticos tampoco saben diferenciarlo), pero en otros, esto ha terminado en desequilibrio emocional. Recuerdo cuando leí primera vez la novela de Orwell: "1984". Eran días de paranoia, no podía caminar sin mirar a los lados, pensando que la policía del pensamiento estaba tras de mí. Sentía que todos me vigilaban. En el caso de Geel, en cambio, pasó a un terreno fuera de nuestro entendimiento. En unas líneas de Cárcel de Mujeres colocó: "Lo asesiné porque necesitaba vivir mi propia muerte"; elevándose a la categoría de personaje literario. Otro de los diarios de la época nos da referencia sobre la declaración que había dado la policía sobre la autora. La acusaban de estar enferma de tanto leer. Ella más que nadie podrá hablarnos del "delito de escribir" dentro de su época y del delirio de saltarse la frontera de la ficción: Soñar la realidad.

"Cárcel de Mujeres", por varias razones, también se salta otros tipos de fronteras. Diamela Eltit lo ubicó dentro de "un género incierto, se desplaza entra la ficción, el testimonio y la biografía". Y es justo este libro el que coloca a María Carolina Geel en el torbellino literario de nuevo. Pero aquí encontramos el big bang de su obra, aunque tal vez sea ésta la única por la que se le recuerde. Sus incursiones posteriores fueron muy poco celebradas.

En el terreno de la literatura los conceptos son elásticos, al igual que mi oficio de lavaplatos en aquel restaurante en Santiago. María Carolina hizo de la crítica una novela que ella decidió vivir, como si su escritura fuese un manual para poner en práctica cada día. El libro "Siete Escritoras Chilenas" lo confirma. Cada autora ahí analizada se convirtió en un trasunto de la persona de Geel. No es casual que el libro empiece analizando los Sonetos de Muerte de Gabriela Mistral, tampoco la escritura de María Luisa Bombal (sobre todo si vemos la semejanza que hay entre la de Georgina Silva) o la posición feminista de Marta Brunet, por citar sólo algunos ejemplos, pues la propia vida de Maria Carolina, forma de pensar o escritura, tienen parte de las autoras nombradas.

Lamentablemente esta autora reposa hoy en día en el olvido literario. Vemos entonces que la literatura es un género ambiguo. Contradictorio en muchas ocasiones. La incursión de una mujer en la crítica literaria por entonces era un hecho trasgresor. Un delito, si se quiere. Hoy hacer crítica literaria lo sigue siendo.

Se podría decir, tomando como referencia el experimento de Georgina Silva, que la crítica literaria no es algo externo a la literatura ni su ente rector, sino una parte más de ella, como lo puede ser la poesía o la narrativa. Muchas veces crea su propia realidad muy alejada de la obra literaria. Crea sus personajes literarios con la vida de los autores y muchas veces terminan olvidando el libro del que se dispusieron a hablar.

La literatura tiene el derecho a cuestionarse a sí misma. Poner en tela de juicio su creación para permitir que ésta no sea un giro ciego sobre un mismo eje. El papel del crítico está más cercano a la de herramienta que a la de sensor. Sin embargo, la imagen del crítico en nuestros días está en crisis y no sin razón. Escritura y poder pareciesen estar de la mano en esta figura. En una ocasión alguien se presentó diciendo que era uno de los críticos más ácido y duro que existía en la región. Esto, si se me permite decirlo, me pareció la voz de un viejo dinosaurio charrista. Para explicar mejor el punto tomaré una anécdota histórica:

"En la india no se escribieron durante siglos los libros religiosos porque los únicos que podían conocer su contenido eran los brahmanes [...] Así, cuando los monjes de un monasterio deseaban conocer un libro sagrado, el procedimiento normal de conseguirlo era solicitar a otro convento un monje que lo supiera de memoria para que se lo enseñara a la comunidad". (Escolar, Hipólito; Manual de Historia Universal del Libro; Gredos; 2000)

El conocimiento es poder y el vicio del poder siempre será un arma de doble filo, tanto para el que lo padece como para que lo ejecuta. El crítico muchas veces se aleja de la crítica y se termina convirtiendo en uno de esos viejos brahmanes. Nunca he comprendido por qué aquél señor se presentó como ácido y no como "elocuente", "lúcido" o "documentado", pues quedó claro que problemas ego no tenía. Pero sería aburrido hacer la lista de las veces que los críticos han cometido este tipo de errores y han dejado a un lado su capacidad de servir como herramienta para adentrarse a la obra y se han dedicado más a abrirse paso como sepultureros. En cualquier de los casos anteriores, en nuestro continente, representa lo mismo. El viejo brahmán se le olvida los versos de León Felipe:

Para enterrar a los muertos
como debemos
cualquiera sirve, cualquiera... menos un sepulturero.

La crítica mal expuesta se convierte en cortina de humo sobre la obra, más que la de un abanico que quite la bruma amontonada a su alrededor. Un mal crítico presume más de su acidez que de su juicio. La falta de elementos para analizar generalmente trae consigo usar otros autores como trampolín de su empobrecido lenguaje y terminan por anular el posible diálogo entre dos o más obras, sobre todo, si la relación que se establece entre ellas es subyugación de una al poder de la otra. Una de las formas de acabar con el crítico literario como "institución", supongo, sería colocar a la crítica al alcance de todos, lo cual implica revolucionar las bases del control con que se emplea el lenguaje, y por tanto, en la sociedad.

El mítico y trágico año 68' junto a la caída del muro de Berlín en el 89´ nos legan la duda y el cuestionamiento a nuestras instituciones y el lenguaje. Hoy hacer literatura implica mirar para atrás, asumir que no se entiende nada y que se necesita el cuestionamiento a la obra; sentarnos en la misma platea donde estuvo Kafka en más de una ocasión. Vivimos un tiempo que muy bien podría llamarse "La Era del Recuento". Nos ha tocado pararnos a pasar revista a los sucesos culturales, porque han sido justo las artes la que nos permiten comprendernos como seres. De ahí la urgencia de la experimentación y el suceso metaliterario que tanto ha dado de qué hablar en el último tiempo; también el desplazamiento de los brahmanes de la cultura. Necesitamos, si aceptan la metáfora, regresar de vez en cuando al baño donde comencé la lectura de Geel. Tal vez no al mismo, cada quién puede inventar su propio baño y no es necesario limpiar espejos para toparse con los dioses escurridizos de la memoria. Asumir que los sitios ideales para la literatura no existen.

En el campo de la investigación, tanto científica, filosófica o social, ha avanzado mucho, y ya que tenemos la mala costumbre de creer que todo comienza con Homero, hoy podemos saber mucho más de lo que se sabía en la Grecia clásica y tener mejores elementos para acercase a su trabajo. La escritura nos regala el hecho de acortar distancia y tiempo. Nuestra terea parece ser aprender a saltar el abismo, y particularmente, celebro la caída de los discursos únicos y totalitarios de los que tanto echaron mano la vieja izquierda y la derecha de todo los tiempos y países. Hoy los dioses no frecuentan la tierra con tanta urgencia como lo solían hacerlo en la literatura clásica, supongo porque los críticos de institución los han corrido del planeta y del mismo Olimpo, para situarse ellos ahí, y nos corresponde a nosotros incendiar esa montaña de dioses, para no absorber los miedos de los "críticos" ni de los texto ni lo de las nuevas tendencias artísticas, sin caer en una relación edípica con nuestros antepasados.

* Texto leído en la mesa La literatura, las artes y la crítica (28/10/09) del Ciclo de debates sobre el tema PENSAR LA CULTURA, PENSAR NUESTRA REALIDAD organizado por Revista Pantagruélica y Gargantúa Espacio cultural.

miércoles, diciembre 09, 2009

Lóbulo Temporal: nueva revista electrónica literaria (desde Monterrey) www.lobulotemporal.com


www.lobulotemporal.com

La literatura se repite, se escribe a si misma y se pronuncia. Esto bien podría explicarlo Pierre Menard autor del Quijote , pues siempre escribimos lo ya escrito. Los autores de los cuentos que incluimos en este número, presentan esta tendencia que según Darío Villanueva (Catedrático de la Real Academia Española), puede definirse como metaliteratura "el discurso narrativo que trata de si mismo". Aunque los cuentos que presentamos no narran el cómo se está narrando, sí tocan la idea de la escritura como eje principal y como el sentido de los textos que nos han facilitado autores experimentados y otros que buscan abrirse paso en las letras. Esperamos que ésta sea una plataforma de utilidad para difundir su obra.

En poesía presentamos el trabajo de Otoniel Guevara, en palabras de Alfonso Chase, escritor costarricense "Otoniel nos seduce co su palabra límpida, aunque esté contaminada de hierbas dispares y de amaneceres que lo ubican en la montaña y también en el ámbito de esas ciudades que recorre con sus botines de niebla. Guevara es uno de los poetas, ¿jóvenes? más representativos de Mesoamérica" A Otoniel lo conocimos en un Encuentro Internacional de Escritores realizado en Monterrey, en aquella ocasión, él compartió su deseo de tener un acercamiento con los escritores jóvenes de la ciudad y aunque por cuestiones burocráticas no se dio la oportunidad de realizar un taller, en esta ocasión es un gusto incluir en nuestra revista, una breve selección de poemas extraídos de sus libros "Canción Enferma" y "No apto para turistas" que el poeta decidió compartir para Lóbulo Temporal.

El monologo de la muerte de Nérvinson Machado, nos lleva por un recorrido siendo otros y por un momento nos sugiere cuestionar si la vida es una actividad contemplativa. Bienvenido a este número con el que terminaremos este año e iniciaremos el 2010, esperando que más autores se decidan a participar en este proyecto, en el que buscamos que los vivos no sean un museo para los muertos.

Laura Fernández

miércoles, diciembre 02, 2009

El Poeta Como Un Suvenir De Lo Humano.


San Agustín se preguntaba si un año podía caber en un día, y es justo la poética de Eduardo Zambrano la que intente dar respuesta a esta pregunta con sus dos nuevos libros. Casi sin dejarnos descansar, este poeta nos arroja a un laberinto de palabras, transformándose en un doble personaje: Dédalos/Minotauro. Una combinación que aprende a coexistir en el mismo espacio y, bajo distintas épocas, en una cárcel ilusoria que tiene muchas entradas y salidas. Construye los muros que le permiten situarse en el centro como espectador del viajero que ingrese a través de sus libros. No se limita a crear un puente de distintos tiempos, para encerrar el producto de su deseo, sino que su búsqueda va más allá y se vuelve un itinerante entre la vida rutinaria y páginas que actúa como visores del horror en cada uno de los pasillos creados a través de sus versos.

1. Las Insignias de la Sed.
“Las Insignias de la Sed”, publicado por la UANL y Posdata Ediciones, es una obra que configura un mapa cronológico y topográfico dibujado con trazos de libros que hacen de cada poema una biblioteca que nos permite extender nuestra voz a diferentes momentos y estados de ánimo. Un reloj descompuesto, agregaría, que reelabora el dilema cronológico a través de manecillas que apuntan a todas direcciones sin por ello perder su sentido inicial.
La puerta se abre de par en par desde el inicio; la palabra misma es una sorpresa, a la vez que agente de erosión de una piedra amorfa a la que hemos querido llamar humana.
“Y el agua contra las piedras
No hacía otra cosa
Que repetir su nombre”
Encaminándonos a una primera afirmación, nombrar es poetizar o, si se prefiere, seccionar al autor en la obra. Zambrano se arriesga desde el inicio a mostrarse como un suvenir de lo humano que nace y muere en el habla y para el habla. Pero no nos muestra sólo un jardín de rocas, o una mano petrificada o cualquier otra parte, sino la efigie completa. Deja a un lado los tropos usuales y crea la figura desde la totalidad del poema. Para ello se vale, me permito decirlo, de las viejas teorías presocráticas y echa mano a los principios materiales (aire, agua, tierra, fuego) con los que Empédocles, con suma habilidad, trató de explicar el origen del mundo; mientras que el autor irá más lejos y no sólo los colocará como punto de partida sino también de culminación.
“Son el hombre y la tierra
Tolvaneras de palabra y polvo
Cuando el viento pasa”
Así se entrega a la tarea de elaborar lento, con la paciencia del relojero para que podamos deleitar el viaje al mapa de su utopía.
La Insignias de la Sed es un libro destinado a destruir la relación edípica que muchos autores locales se han trazado con sus autores de cabecera. Es una obra donde se dan citas muchos otras lectura que no intentan quedar a segundo plano, como tampoco la realidad del autor. El libro está dividido en dos partes: La Hermosura Intransigente y Mapas del Desamparo. La primera, reconstruye lo humano y deja en el tapete muchas preguntas de carácter antropológicas, la segunda parte, en cambio, como si se tratara de una épica y no de una poesía lírica, ensambla a Eduardo Zambrano con el carácter ontológico con que da inicio. Es necesario, entiendo, saber qué nos rodea para saber qué somos, o por lo menos, eso me dejó este libro.
Queda ahora armarse de pasión cartográfica e intentar reajustar nuestros relojes para que las manecillas giren no sólo de izquierda a derecha o se atrevan a detenerse en algún punto, pues con ello, se demuestra que el tiempo circula más allá del aparato pero no fuera de las letras.

2. El fortín del Solitario.
El segundo, “El Fortín del Solitario”, publicado por Ediciones Fósforo, en cambio, es una fortaleza donde ha sido invitado Fernando Pessoa a darnos la bienvenida.
Con versos más sólidos, y ya no creando una bola de nievo que va recorriendo un largo camino para convertirse en algo imparable como en “Las Insignias…”, El Fortín del Solitario juega con la contradicción como un caballo ya domado y al cual no es muy difícil cabalgar: “Me dieron a probar la alegría / y su veneno”, nos dice. Aquí la palabra no es un ente novedoso, en El Poema del Escribiente, nos advierte: “después de tanto tiempo / las palabras siguen siendo la única posibilidad / de estar conmigo”; los sentimientos no son algo que sorprendan a la voz poética, quien rápidamente describe estados de ánimos a través de sitios y personajes.
Eduardo Zambrano mira la poesía con respeto, se acerca a ella dispuesto a dejar todo; sabe que en el poema se esconde una felicidad que “Tiene garras, hambre, y un pico prodigioso” fortalecido con el tiempo y “con el cual busca nuestro corazón”. Escribe como quien ha perdido los anteojos y, sin perder un mínimo de lucidez, no se detiene a nombrar su entorno. Su papel es llevar a la realidad a un límite que pueda distorsionarse a sí misma y pueda dar a luz otras realidades, porque, como decía Salustio, “hasta el mundo mismo puede considerarse un mito”. No se deja impactar con lo inmediato. La belleza en muchas ocasiones es un espejismo.
Luz. Mucha Luz en sus ojos.

Los labios pequeños, sensuales.
La nariz pequeña pero orgullosa.

Su risa iba y venía en esa vieja taberna […]

De pronto vi su rostro transfigurado.

miércoles, septiembre 23, 2009

4M3R1C4


Novísima poesía latinoamericana:40 poetas

Selección y prólogo
Héctor Hernández Montecinos
.
Todo el mundo es serio menos yo.
Y me da por pensar que yo soy América.
Ya estoy hablando solo otra vez.
América, Allen Ginsberg.

PRÓLOGO
(fragmentito)
.
Este libro en el que he venido trabajando hace un año, más menos, es el resultado y la comprobación de un espíritu de época, de un corpus poético, que he ido conociendo desde hace más de cinco años en los cuales he podido viajar y conocer a una gran cantidad de poetas, poéticas y obras deslumbrantes, alucinadas y atópicas. Los autores acá seleccionados han nacido entre los años 1976 y 1986, fechas que he tomado como umbrales coincidentes con un movimiento desterritorializador en el quehacer de la poesía latinoamericana de hoy.

Esta es la razón de 4M3R1C4, poder reunir a una parte de esas escrituras que comparten y se caracterizan por un alto grado de experimentalidad, de riesgo en sus paisajes gráficos, nuevas formas de entender el oficio en esta primera década del siglo XXI y que de algún modo son una suerte de avanzada en la catástrofe o luces en esta inmensa noche que es la poesía en Latinoamérica, llena de cuerpos celestes, estrellas, hoyos negros y cometas.

Al momento de elegir a sus autores y su obra he optado simplemente por lo que me ha parecido más insólito, más novedoso, más cercano al futuro que al pasado, es decir a esos despuntes de una tradición que aún no existe y que por tanto se descalzan de los canones locales como quiebre y de los manidos tópicos universales como el amor o la depresión, o ese lirismo exagerado, o esas primeras personas del verbo repetidas hasta el hartazgo.

4M3R1C4, que yo sepa, es el primer trabajo de este tipo que comprende a poetas de absolutamente todos los países de Latinoamérica (aparecen algunas ausencias en la lista, pero es sólo porque aún estoy recibiendo material), además de una paridad de género que coincide con el nivel y la aventura de cada una de las obras en general, y como conjunto. He optado por dos poetas de cada país por razones de espacio y tiempo, pero en una próxima edición aumentaré un autor o autora más.

Estas líneas son sólo una somera explicación del origen de este libro que, sin duda, es una provocación al fascismo, al silencio cómplice del mercado y los medios, pero sobre todo al conservadurismo que impera en nuestro campo cultural.

4M3R1C4 es la comprobación de que la vida le copia a la poesía, y no al revés.
.

ARGENTINA
Ezequiel Zaidenwerg (1981) http://zaidenwerg.blogspot.com/
Valeria Meiller (1985) http://blondonblog.blogspot.com/

BOLIVIA
Jessica Freudenthal (1978)
Pamela Romano (1985)

BRASIL
Ricardo Domeneck (1977) http://ricardo-domeneck.blogspot.com/
Maiara Gouveia (1983)

COLOMBIA
Andrea Coté Botero (1981)
Alexander Ríos (1984)

COSTA RICA
Angélica Murillo (1976)
Diego Mora (1983)

CUBA
Maykel Paneque (1977)
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CHILE
Paula Ilabaca (1979) http://www.romantic-city.blogspot.com/
Diego Ramírez (1982) http://niniogato.blogspot.com/

ECUADOR
Ernesto Carrión (1977)
Luis Bravo Piña (1979)

EL SALVADOR
Róger Guzmán (1981)
Ernesto Bautista (1986) http://ebautis7a.blogspot.com/

GUATEMALA
Alan Mills (1979) http://alanmills.blogspot.com/
Manuel Tzoc Bucup (1982)

HONDURAS
Gabriel Vallecillo (1976)
Mayra Oyuela (1982)

MÉXICO
Omar Pimienta (1978)
Yaxkin Melchy (1985) http://destruccionmasiva.blogspot.com/

NICARAGUA
Ezequiel D’ León Masís (1983)
Álvaro Vergara (1980)

PERÚ
Giancarlo Huapaya (1979)
Rafael García-Godos (1979)

PANAMÁ
Javier Alvarado (1982)
Javier Romero Hernández (1983)

PARAGUAY
Maggie Torres (1981)
Xxxxxxxxxxxxxxxx

PUERTO RICO
Nicole Delgado (1980) http://www.nicolececilia.blogspot.com/
Xavier Valcárcel (1985) http://tendidonegro.blogspot.com/

REPÚBLICA DOMINICANA
Xxxxxxxxxxxxxxxx
Xxxxxxxxxxxxxxxx

URUGUAY
Manuel Barrios (1983)
Santiago Márquez (1986) http://www.monopatinrojo.blogspot.com/

VENEZUELA
Nervinson Machado (1976) http://exhumandoletras.blogspot.com/
José Miguel Casado (1985)
Publicado por Xavier Valcárcel en 10:53 AM

viernes, septiembre 18, 2009

Entrevista a la Regia Cartonera

lunes, agosto 31, 2009

palabras al aire...



El futuro que se prevé, bastante decadente: Nervinson Machado

* El autor venezolano presentó Escriba, poemario dedicado a la historia del libro

Araceli Rodarte

Cada poema está unido a pie de página con otro, y a su vez narra una historia

Nervinson Machado
Foto: La Jornada Zacatecas

El escritor venezolano Nervinson Machado presentó una parte de su más reciente creación literaria, un poemario dedicado a la historia del libro, entendido como el espectador del horror humano.
La presentación se realizó dentro de las recién concluidas Jornadas Lopezvelardeanas, específicamente como parte de una mesa de poesía mexicana actual realizada en el teatro Hinojosa, en el municipio de Jerez. El poeta radica en Nuevo León desde finales de 2001 y considera que más que pertenecer a un sitio, resulta más relevante estar dentro de una generación.
Escriba, como significa en sumerio, es un libro inédito que ahora concursa y espera el dictamen acerca de su publicación. Tal tiene un valor agregado, pues también está relacionado con un trabajo previo de investigación, que se contendrá tal vez posteriormente en un volumen de ensayos.
Concluido hace dos años y como el segundo poemario de Machado, luego de El libro de los muertos o caminos de sueños insomnes, le sigue a publicaciones en revistas y en antologías.
Es un poemario que está mezclado en buena medida con la prosa, y trata de hacer una mímesis de un libro de antropología, es decir, cada poema está unido a pie de página con otro, y a su vez narra una historia; es una especie de épica.
En cuanto a su temática, explicó que el ser humano ha necesitado buscar algo dónde reflejarse, ser Dios en un momento, y para ello recurre a la escritura, entendida también como la forma en que el hombre articula el pensamiento y cómo puede extender su memoria y traspasar el tiempo, pues por medio de la escritura el hombre aprende a hablar con el pasado y también con el futuro.
Pero “el futuro que se prevé bastante decadente, más aun que el presente, en el que se ve a un hombre con problemas de identidad y que trata de abandonar a su propio espectador. En este poemario, pues, hablo del hombre, de mí, de la sociedad”, señaló.
Está escrito en versos libres y en prosa, que “es parte de los nuevos medios buscados por la escritura para generar la comunicación; ya no importa sólo el contenido, sino también la forma”.
Por tanto, cada poema de este libro carece de signos de puntuación, aunque sí con espacios para señalar las pausas, además de que está escrito de izquierda a derecha en primera línea, y en la segunda, viceversa. De esa forma, Machado dio a conocer su libro en Zacatecas, luego de haber presentado una parte de él en Monterrey y Saltillo.

domingo, agosto 16, 2009

Ahora sí, presentación de los nuevos títulos de la Regia Cartonera en Monterrey



Jueves 20 de Agosto
7:30 p.m.
Casa de la Cultura de Nuevo León
Sala Alfonso Reyes
Av. Colón 400 Ote.

sábado, junio 27, 2009

Sumergiéndome


(relato inconcluso)

Hace poco escuché unos relatos que me robaron una mueca -intento de sonrisa-, a la vez que se convertían en una invitación a abordar un submarino ruso con 120 tripulantes dispuesto a sumergirse en el olvido para no salir jamás. Me explicó, escuché hace poco en un encuentro a varios narradores haciendo un discurso fácil sobre la migración mexicana a Estados Unidos; los inconvenientes que tenían los migrantes, el abuso de los gringos, su prepotencia, y ya saben, todo el resto de cosas que evidentemente no se puede ocultar. Debo confesar que me dejé arrebatar por la ingenuidad latinoamericana que tanto me caracteriza. Hasta aquí, todo bien. De ahí esa elasticidad en mi rostro ¿qué ocurrió después? Lo que ocurre en todo evento: aplausos, gritos, júbilo y si se desea, algún pensamiento picaron hacia el lector. No era mi caso éste último. Poco tiempo después tuve una cita con el baño. Experimenté la dificultad de no saber qué hacer con mis manos, si taparme los oídos para no escuchar al yuppie que estaba dentro de uno de los cubículos hablándole al que estaba en el otro y que alababa la grandeza norteamericana y la decadencia suramericana, o seguir como hasta ahora, apuntando a la mancha que permanecía en el mingitorio como si yo fuese el mismísimo John Wain jugando tiro al blanco. Era evidente que la historia es una copa que lleva un camarero de mesa en mesa hasta que todos terminamos borrachos y aprendemos a sonreír, y si no, por lo menos a llorar, todo depende del tipo de borrachera que nos toque. Eso pensaba, junto a otras cosas más como el hecho de haber escuchado a aquel joven valiente que tomó el micrófono, hizo reír al público y llenó que levantara el pecho con más ánimo.
-Te vi tomándome unas fotos hace un momento –comentó un joven con voz de grandeza, el mismo que estaba en el baño hasta hace un momento y que a mi juicio se había ido por mi excusado al ver que era el mismo que me había hecho aplaudirle un rato antes. La sorpresa fue horrorosa.
-Sí, claro –le contesté- es que me gustó tu discurso.
El joven me ofreció la mano, necesitaba sellar el pacto de solidaridad conmigo, argumenté que necesitaba lavárselas y antes que lo hiciera me perdí de la fiesta, me fui a hundir con ese submarino del que ya nadie sabe y que quizá esté mejor que esto allá en el fondo.

viernes, junio 05, 2009

La Regia Cartonera

[Comparto el nuevo proyecto que comencé junto a Laura Fernández. Más información en: www.regiacartonera.blogspot.com]




La editorial “Regia” cartonera es un proyecto cultural que nace en Monterrey y que se suma a la iniciativa latinoamericana de transformar el cartón desechado en una palabra provocadora e inquietante por medio de libros elaborados de este mismo material y a precio-costo. Cada ejemplar publicado por nosotros es único por su elaboración artesanal, lúdica e itinerante. Abriendo un nuevo pasillo del que nos servimos para escapar del monopolio de las grandes editoriales mientras caminamos con pasos de utopía. El material con que están hechos las tapas de nuestros libros contienen restos de voces que han sido olvidadas; cientos de manos por las que circuló una caja antes de ser este cúmulo de ojos que se interiorizan en el cuerpo humano para extraer el anhelo y la pasión abrumadas por los intereses comerciales. Es un espacio, se podría decir, donde reaparece la historia arrinconada en el closet. Queda en sus manos nuestros sueños tratando de que estos se hagan una puerta hacía un nuevo mundo.

martes, mayo 05, 2009

Ahora se viene el virus poético...



Lectura el viernes 8 de Mayo:

Rogelio Flores de la Luz
Nérvinson Machado
Guillermo Meléndez
Eduardo Zambrano

Dir: Café - Bar Gargantúa; Escobedo 740, col.Centro, Monterey
Entrada libre.

jueves, abril 09, 2009

A 3 Round


En primera fila estaba Fellini la tetona
La que no se cansaba de gritar el infierno
Con su risa boca arriba cuando no tenía nada que hacer
Tentando muerte con ataúd,
dibujó un Van Gogh con su voz delicada en mis oídos
aunque su rostro era de catedral saltillense
y me pidió que besara sus estrellas pero no dejó de mover sus manos
y yo le quise pedir asilo en el cielo a ver si encontraba el infierno
y empezó la batalla, ella
caminó con pies de profecía
yo, con ojos de suspiro
abre mis piernas y encontrarás pelea
abre mis piernas y no durarás tres round, mijito,
me decía, tirando su pelo al pasado
y el árbitro esperando como animal salvaje
a la presa en guerra
¿para qué son las esquinas sino para empezar un olvido?
Me dijo, Si te vas a poner los guantes no puedes creerte un mesías
Porque ésta es una pelea a muerte.

miércoles, marzo 18, 2009

Invitación: Taller de Poesía y Eventos de lectura en Monterrey

Aprovechando la visita del poeta chileno Héctor Hernández Montecinos por tierras regiomontanas, extiendo la invitación para los eventos donde participará:

Los días 1, 2 y 3 de abril estará dando un taller de poesía en la Casa de la Cultura de Monterrey (Av. Colon 400, Col. Centro). El costo será de $200, en el horario de 6:00 a 9 :00 pm. Más información: cripil05@yahoo.com.mx




El día jueves 2 (también en la casa de la cultura) será la presentación del proyecto editorial “La santa Muerte Cartonera” en conjunto al escritor saltillense Julian Herbert, a quien recientemente le fue publicado bajo este sello el libro: “This is Sparta”. Para mayor información: www.santamuertecartonera.blogspot.com




El sábado 4, la cita será en el café-bar Gargantúa, junto a los poetas: Gabriela Cantú Westendarp, Óscar David López, Minerva Reynosa y Nervinson Machado. La ubicación es Escobedo 740, entre Carlos Salazar y Gerónimo Treviño, Col. Centro. A las 8:00 pm. Entrada libre.

domingo, enero 18, 2009

Los Gombrowicz Suelen Ser Personas Muy Extrañas



(Artículo publicado en la revista del Instituto Zacatecano de Cultura "Ramón López Velarde" N 13 Oct. - Nov.2008)




Lunes.

Yo.

Martes.

Hace ya varios años que estoy tratando de empezar este diario y no me sale más que una sola palabra. Por mucho tiempo me he encargado de embotellar gestos de otros, vidas que adornan como un souvenir en mi repisa de recuerdos falsificados, y así, trato de volverlos barcos inverosímiles que entran por sí solos a esa botella en que se ha vuelto mi vida. He buscado con ansia un principio que no hipoteque ese desenlace inesperado en que se ha convertido mi mundo. Debe ser porque yo mismo ignoro a dónde irá a parar todo esto. De nada sirve entonces colocar las reglas sobre las que se fundamentarán las contingencias, pues si algo tiene un diario, es que siempre estará ligado a la novedad, a la libertad y sabrá hablar por sí solo. Aunque todo sea una soberana mentira.

He estado ensayando varios inicios que en pocas líneas puedan decir todo y nada de mí. Un día, incluso, decidido a empezar, me vestí con un viejo traje que tenía en el armario y me hice una partidura en medio de la cabeza. Debo confesarlo, me veía sumamente ridículo, pero no me importó, yo había decido hacer un diario y nadie mejor para ello que Marcel Proust, y nadie mejor para imitar a Marcel Proust que yo. Entonces decidí comenzar a escribir con un inicio flojo, poco presumido y coloqué: “Hace mucho tiempo he estado acostándome temprano”. Pero nada más lejano a mí que eso. Ya sólo me faltaba que dijera después: “al despertarme una mañana, después de un sueño nada reparador, me descubrí convertido, dentro de mi propio lecho, en un gigantesco insecto”. Aunque esto último se pareciera más a mi realidad, el único insecto que había amanecido en esa habitación era ese extraño “inicio” intentado convertirse en la cerradura de mi futuro diario. Así, descubrí que me había metido en un gran problema; menos mal que no me dio por vestirme como Shakespeare. Ahora bien, si el inicio no es una hipoteca al desenlace, si pone en la mesa las reglas con las que tengo que jugar, entonces, digo, nada mejor para empezar que decir: “Yo”. Y nadie mejor para decirlo que Witold Gombrowicz.

Miércoles.

Llevo tanto tiempo cambiándome de un país a otro en este continente que el nombre del escritor polaco Witold Gombrowicz me suena a consuelo. Lo expongo así: Gombrowicz había zarpó en un barco rumbo a Argentina poco antes de que Alemania invadiera Polonia en la Segunda Guerra Mundial. Lo que lo llevó a quedarse refugiado ahí. Así comienza una vida de miseria, un intento desmedido por escapar de todo, y Argentina parece en sitio perfecto para esconderse de sí mismo, de su condición de escritor y de noble. Esos primeros pasos me hacen pesar que llevo varios días escapando de mi casera.


Mi manía de imitar a Gombrowicz está tomando dotes alarmantes. Ahora no sólo en la forma con que inicio este diario lo estoy haciendo, sino también en este intento desesperado por escapar de los adultos, de los países y los convencionalismos. Ya en su primera novela, Ferdyrdurke (1937), el autor mostró un talento de mago escapándose de “ese mundo artificial y de las rígidas tramas y estructuras de los escritores polacos de su época”. Su antihéroe, un escritor que es llevado de regreso a la primaria, intenta llevar a cabo una “rebelión trágica y desesperada contra la deformación” en que se encuentra inmerso. La novela fue tomada por la crítica de su país como “los desvaríos de un loco”. Lo cual me hace recordar al excéntrico y anecdótico George Perec, quién definió mejor estos desvaríos: “…Joyce mostró que es fácil destruir la escritura; el problema ahora, me parece, es reinventarla”. Creo entonces que escapar es reinventar; escribir, huir.

Jueves.

Ayer por la mañana pasé por el pasillo donde queda el departamento de mi casera, camino obligado -debo aclarar- porque el elevador está descompuesto. Vi algo que me sorprendió. En su puerta había una nota justo debajo del ojo. El escrito no encajaba en nada con esa señora robusta, pálida y de aspecto sombrío que me provocaba un terror tremendo. Me acerqué con mucho cuidado para verificar que aquel papel no era una trampa de mi paranoia. Pero no. Como si se tratara de Williams Borroughs, la nota decía: Si no ha tenido una verdadera experiencia con la muerte no se acerque.

Ahora pienso que la muerte puede ser considerada una lejanía de los relojes. Recuerdo cuando entré por primera vez a su casa ¡no había relojes! Pero ahora me pregunto, si el tiempo puede transcurrir independientemente de ellos. Gombrowicz, por otro lado, tenía su propio reloj de bolsillo que funcionaba muy distinto al de los otros, y estoy seguro que lo adelantaba 10 minutos cada día para darle esa vitalidad futurista que tanto me ha atrapado; sus novelas estuvieron plagadas de una pluralidad de voces, de coqueteos ininterrumpidos con la paradoja y un arte original que pudo desplegar en su diario. En eso estaba pensando cuando con una suavidad casi imperceptible se fue abriendo la puerte, tal vez unos 5 centímetros, no más que eso, y ahí estaba yo tratando de leer ahora no un papel sino un ojo, uno muy diferente al de la puerta; éste más bien parecía el de una vaca, aunque mucho más pequeño, y de nuevo me sumergí en ese otro episodio del diario de Gombrowicz que describe como “tenso”: “paseaba por una avenida dibujada por eucaliptos cuando de detrás de un árbol salió una vaca. Me detuve y nos miramos a los ojos. Su condición vacuna sorprendió hasta tal punto mi condición humana, que me sentí confundido en tanto que hombre, es decir en tanto que miembro de mi genero, del género humano”. Entiendo ahora como se puede sentir esa vergüenza y terminar así convertido también en un animal, un animal extraño, “hasta diría que ilícito”. Y yo, a pesar de no estar al frente de un animal, me sentí de la misma forma. Aquí el animal era yo y no ella. Yo que le debía dos meses de renta y que su sola mirada, húmeda y solitaria, confirmaba mi vida ilícita y de animal.

Viernes.

Ayer de nuevo cuando regresaba a casa me topé con mi casera en el pasillo. Se dedicó a ignorarme con un silbido impertinente. Sin embargo, me seguía con su mirada de vaca, la cual era una dolida y catastrófica visión de mi vida.

Sábado.

Le dije esta mañana a mi casera que yo era un duque, de la misma forma que Gombrowicz le gustaba –por diversión- presentarse ante sus amigos en Argentina. También le recordé que era escritor y me vio como un loco. Para mi sorpresa, me pidió que me acercara a ella y como si fuera un susurro venido del más allá me dijo al oído:

-Sirva para algo, flojo. Escriba de mí.

Domingo.

La primera vez que me presenté en su puerta, hace unos meses decidido a tomar el departamento, le implanté mi condición de seudoescritor. Me presenté como alguien reconocido, aunque en mi propia casa (es un decir, para referirme a la casa de mi familia en Venezuela) ya se les había olvidado hasta mi rostro. Así que esta mañana me planté ante ella con un tono exagerado para que tomara en cuenta mi origen extranjero, recordé de una frase que había leído en Trans-Atlántico y adopté una posición de firme como la que me habían enseñado en la escuela, estiré mi cuello y casi topando con su rostro le dije:

-Óigame señora –la voz se me quebróinmediatamente-, quiero que sepa que yo soy un escritor, un duque, un Gombrowicz, de los Gombrowicz Gombrowicz. ¿Me comprende?

Creo que no sirvió de nada todo aquello, porque ella respondió sin titubeo y con una gran sonrisa de triunfo:

-Yo también soy una Gombrowicz, de las Gombrowicz Gombrowicz.

Ahora me pregunto qué haré con esta señora que está allá afuera esperándome y ha encendido un cigarrillo y levantado su falda hasta las rodillas. Ha cruzado sus piernas para echarme en cara lo que significa ser de una verdadera nobleza. Qué haré ahora cuando esta Gombrowicz no sólo se ha instalado en mi diario y en mi vida y está justamente afuera mostrando sus várices para que yo me dé cuenta que significa estar todo el día parado en pie de guerra ante la literatura. Qué haré ahora cuando ella me ha dicho que todo el edificio espera, porque ha gritado a todo mundo que soy escritor, que escriba también sobre todos ellos, que hable de sus vidas míseras y olvidadas en este diario. Qué haré ahora cuando a mí me ha dado por mudarme ya no sólo del edificio sino de este país y de mi vida.